Lo que vive la sociedad venezolana es la extensión de dos décadas de un ámbito operacional con excusas, justificación y solapamiento de responsabilidades a fin de validar el proyecto político de la revolución bolivariana, ya en metástasis y repudiada.

La sociedad venezolana en toda su extensión de pueblos y ciudades reacciona (ya crónica la condición de conmoción) con un espasmo sostenido que recorre los rincones más distantes. No se trata de un reflejo rutinario a un hecho grave; es algo más: es la respuesta ante la supervivencia, superar la asfixia ante la circunstancia potencialmente fatal y de la que conscientemente solo será posible salir con extremada voluntad en minutos donde es muy tenue la línea entre la vida y la muerte.

¿Qué palabras pueden describir la resignación de dolor desgarrador de una madre con su niña fallecida, colgada de sus brazos, en razón de las consecuencias de la indolencia, el robo planificado; la inacción de la gestión pública sin supervisión técnica, ni medidas prácticas (para todas las áreas, servicios, salud, educación, electricidad, agua, transporte, seguridad…) con la que se ha venido y se quiere seguir actuando? ¿Cuál es la frase más certera para otorgar alivio colectivo en el trance horroroso de gritos por los saqueos? ¿Qué es suficiente para superar la pesadilla de horas de sed, de más hambre, del sufrimiento ante la indefensión? ¿De qué manera revierte lo sucedido en los hospitales, ahora máquinas de sufrimientos, con niños y pacientes, que expiraron por imposibilidad de asistencia mínima?

En esta etapa que se abre en Venezuela con el desastroso apagón nacional que ha contabilizado al menos cien horas continúas en varios estados, desde el 7 de marzo. En esta nueva contingencia -subrayo- no puede hablarse de evaluación de gestión pública. Lo que vive la sociedad venezolana es la extensión de dos décadas de un ámbito operacional con excusas, justificación y solapamiento de responsabilidades a fin de validar el proyecto político de la revolución bolivariana, ya en metástasis y repudiada. La obviedad del momento impone la necesidad de definir los conceptos de: política y crimen. De precisar qué es gestión de gobierno, amparada en leyes, normas y que rinde cuentas por mandato constitucional. Distinguir, desde las tinieblas de las catacumbas que transitamos en esta mala hora, entre los fundamentos de proyectos o programas sustentados en soluciones y de contraparte el cinismo, la propaganda y el desprecio por el conocimiento. Hoy contemplamos por una parte la tragedia grande y por otra, las caricaturas que representan cada versión del funcionariado de la revolución sobre las causas del apagón. Son vocerías con argumentos sin espontaneidad y donde no importan los absurdos. Es la posición indiferente ante la razón y el sentimiento. Un vulgar fanatismo calculado con ministros, mandatarios y generales de la unión cívica-militar. “Los monstruos son reales, igual que los fantasmas. Ellos viven dentro de nosotros y, a veces, ganan”. Stephen Edwin King, escritor estadounidense.

Aguzar la vista

“Para velar por su satisfacción distribuye competencias entre las distintas ramas del Poder Público, estableciéndose el alcance de la autonomía entre unas y otras y promoviendo la descentralización político-administrativa. Para cumplir con este y otros fines del Estado (como la defensa de la integridad territorial), se requiere de una administración pública fundamentada “en los principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública, con sometimiento pleno a la ley y al derecho”. Por estar al servicio de ciudadanos y ciudadanas, la administración pública tiene el deber constitucional de informarles “oportuna y verazmente” sobre sus actuaciones y resoluciones, y de permitirles acceso a archivos y registros administrativos”. De la planificación centralizada a la regulación de la economía: propuesta de transición gradual para Venezuela / Ronald Balza Guanipa, Venezuela 2015. Economía, política y sociedad. Fundación Konrad Adenauer, Universidad Católica Andrés Bello.

La cita sirve para poner en paralelo el análisis formal, de años previos, con los comentarios desde el sentido común y el mayor de los anhelos de sectores guayacitanos, en relación a la actuación de sus dirigentes, potenciados con la experiencia del apagón nacional: “nos organizamos en la comunidad para hacer café o hacer una sopa. Pero que un ministro nos diga que eso es lo que hay que hacer, no tiene explicación en la expectativa de medidas de un gobierno”, indica una vecina. “Hay que organizar la explicación de Maduro y sus voceros. Cada uno dice una cosa diferente”. Observa otro, “los funcionarios vienen de Caracas, de incognito. Parece que vienen a recoger sus gramas de oro y no a traer soluciones”. Dice un anciano “¿Por qué persiguen a los trabajadores de Corpoelec? ¿Porque no se terminan de ir?, preguntan varios. “Simplemente no hay excusas… no se”, “en la sede de Corpoelec no cabe un militar más”. “Está totalmente militarizada con tanquetas y todo”, “¿Cómo estuvo San Félix?”, “¿Qué pasó en el Hospital Uyapar?”, “¿Dónde se metió el alcalde?. “Son voces que igual preguntan por el destino de familiares y amigos en otros municipios o de otras regiones.

La comparación importa en este momento ya que de la vorágine producida se extraen réplicas manejadas en documentos ignorados. Además la debacle, obra de fiel de la gestión socialista, aconseja a aguzar la vista (visión del conjunto regional y nacional), cuidar las palabras (no hacerse eco de lo trivial) ejercitar el olfato (potenciar la institución) que destacan como recursos imprescindibles en circunstancias de desinformación y desespero. Es un panorama delicado por la caótica situación social, económica y política, que refleja la implosión cívica desde las marchas ciudadanas en cada apartado rincón venezolano. Es un momento donde la población multiplica la fuerza de su oposición a la falta de escrúpulos gobernante desde las concentraciones que siguen la ruta de rescate del orden constitucional, trazado por la Asamblea Nacional y el presidente (e) Juan Guaidó. De allí que en esta coyuntura por la sobrevivencia democrática y humana, no se cuente con espacios para lo irrelevante. Vienen horas de mayor esfuerzo. Nadie puede quedarse encerrado en la oscuridad de los monstruos.

La urgencia del futuro

El filósofo español Fernando Sabater en El valor de educar señala: “la socialización política democrática es un esfuerzo complicado y vidrioso, pero irrenunciable”. En este paraje nos encontramos, aun así, la reacción del espíritu nacional es abrir el futuro; no enterrarlo. Nadie, por lo tanto, renunciará al propósito de construir la sociedad de justicia, derechos y plenitud democrática. Siempre se ha intentado, lo diferente ahora son las terribles lecciones, acompañadas hasta de paseos por el fondo del abismo.

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