Opinión

Tuviste la paciencia de un santo. Perseguiste a tu estrella Polar sabiendo que ésa era tu norte. Trabajaste sin cansarte, aún a costa de tu salud. Y les diste a tus alumnos lo más importante que puede entregar un maestro: tu alma.
Todo puede pasar, pero el desenlace se vislumbra con sereno optimismo. Sin odios ni rencores la paz se impondrá. Cada cual deberá responder por lo que le corresponda.
La gente ha dado batallas en la calle a lo largo de todos estos años. Sin embargo, en momentos de “tranquilidad”, no falta quien diga que la población es “pasiva”, que está “manipulada” o que está “resignada”.
Se engullen 30 años de quehacer republicano, en un tiempo similar al que toma a los padres de esta -la generación de 1928- su forja, a partir del 23 de enero de 1958.
De tus frases que han quedado para el mundo, estaba tu insistencia en defender la vida: “Este es el pensamiento fundamental de mi predicación: nada me importa tanto como la vida humana”, y esa defensa de la vida de los más vulnerables te llevó a profundizar tus denuncias.
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